A la mañana siguiente su padre había sacado del trastero la silla de ruedas de tía Dora. Dijo que para ir al ambulatorio y para movernos por allí iba a ser más cómodo así. Yo sentí un cosquilleo en todo mi cuerpo, algo parecido a lo que me ocurrió la primera vez que estuve delante de esa misma silla. Creo que a causa de eso me quedé pálido, y mi suegro lo interpretó como que me impresionaba demasiado ver a mi mujer sentada ahí.
-Si lo prefieres, la acompaño yo -dijo.
-No, no. Yo voy con ella -me apresuré a responder. Agarré la silla y la conduje hasta nuestro dormitorio.
Por supuesto, no fuimos al ambulatorio.
Lidia se quedó en el coche mientras yo entraba en una farmacia y compraba unas vendas y una pomada antiinflamatoria. Después nos dirigimos a un centro comercial y entramos en el baño para discapacitados. Allí vendé el pie de Lidia, no sin un fastidio creciente por tener que mantener su mentira, pero al mismo tiempo con una extraña y exquisita sensación de placer al dejarle inmovilizado su único pie libre de ortopedias.
Guardé la bota de Lidia dentro de una bolsa, pues ya no podía usarla con el vendaje puesto, y me detuve a mirarla a ella unos segundos. Allí sentada, con su pierna derecha cubierta por su otra bota y su bitutor metálico, y su pie izquierdo vendado hasta la rodilla, dejando sobresalir únicamente sus deditos blancos y delicados. Tenía ambas extremidades sobre el reposapies de la silla, y cualquiera que la mirase podía ver en ella una a una mujer totalmente desvalida y eso me llenaba de ternura.
Sé que no está bien que lo exprese así, pero en aquél momento supe que no quería que Lidia volviese a caminar. Sin embargo, daba igual que lo desease o no, porque aunque ella en algún momento (ya fuese ayudada por rehabilitación, ortopedias o bastones) pudiera dejar esa silla, sería algo momentáneo y sin duda volvería a necesitarla.
Por un lado me aterrorizaba pensarlo, pero por otro me reconfortaba, me hacía sentir bien y completo.
Continúa...
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lunes, abril 19, 2010
LA HUIDA (Parte 8)
Publicado por
Devofic
en
12:38 PM
Etiquetas: enfermedad progresiva, silla de ruedas
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