Cuando terminé de arreglarme apagué el teléfono móvil y bajé a la calle. Pasé a la oficina y entregué la llave del apartamento, anunciando que finalmente tampoco me quedaría esa noche. Pagué la cuenta y salí de allí. El sol ya se estaba ocultando y yo me sentía un hombre nuevo.
Conduje prácticamente hasta la madrugada y cuando ya me noté exhausto me detuve en un desvío y me eché a dormir en mi propio asiento. Había viajado más de cuatrocientos kilómetros en dirección sur y era muy probable que no regresara nunca.
Permanecí varias noches durmiendo en la furgoneta, moviéndome de pueblo en pueblo y pensando cual sería el punto de partida para mi nueva vida. No iba a volver con Lidia, eso era seguro. No porque no la quisiera sino porque no podía enfrentarme a ella en mi nueva condición. En realidad no podía enfrentarme a nadie conocido y decir simplemente que había elegido vivir así. Mi decisión iba a ser motivo de ira, de burla y de escarnio. Y por supuesto, la convivencia iba a resultar imposible de cualquier modo.
No, volver con Lidia era imposible. En esos momentos, además, ella debía de estar completamente confundida por mi ausencia, y lo más probable es que incluso hubiera terminado llamando a sus padres al verse sola. En contra de lo que yo mismo habría esperado de mí, no sentía el más mínimo remordimiento por lo que había hecho, sencillamente estaba siguiendo mi instinto y al mismo tiempo estaba tratando de no dañar a nadie.
Cuatro días después de comenzar mi huida, decidí instalarme en una pensión. Lo hice en la única que encontré con un ascensor amplio y baño en el propio cuarto. La señora que la regentaba no parecía demasiado entusiasmada con la idea tener a un discapacitado como huésped (se la veía insegura en el trato conmigo), pero al ver que yo restaba importancia a que el baño no tuviera un asidero o a que no fuese de dimensiones adecuadas para moverme libremente en él con mi silla, accedió a alquilarme la habitación.
A partir de aquél momento, a todo el que veía -si la ocasión me era propicia- le explicaba que había ido a aquella localidad de vacaciones, pero que si lograba encontrar trabajo allí, posiblemente me quedase, porque buscaba cambiar de ambiente. Muchos me preguntaban de donde era y algunos, los más osados, cuál era mi problema, por qué había quedado en silla de ruedas.
Continúa...
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martes, septiembre 07, 2010
LA HUIDA (Parte 15)
Publicado por
Devofic
en
3:55 PM
Etiquetas: silla de ruedas, simulación
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2 comentarios:
Wow! Excelente. Me gusta mucho..! Que valiente este personaje en asumir su nueva condicion. Increible.....
¡Gracias! Celebro que te guste.
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