Desde el primer instante expliqué que había sufrido un accidente a causa del cual había perdido la memoria, el uso de mis piernas y cinco años de mi vida en los que permanecí en coma. La gente, al oír esto, solía quedarse muy impresionada y no continuaban preguntando.
La verdad es que me sentía bastante inquieto en lo concerniente a cual sería mi futuro, laboralmente hablando, ahora que me desplazaba en silla de ruedas y habrían muchos trabajos que no podría desempeñar. Sin embargo, tenía la corazonada de que todo iba a salir bien... porque me sentía en perfecto orden conmigo mismo, porque no tenía ninguna duda de que estaba haciendo lo correcto.
Tras dos semanas de habitar en aquella población y de hacerme más o menos popular en el barrio ya que me dediqué a pasear por allí todo lo que pude, un mediodía, mientras me hallaba en el bar al que asistía diariamente a almorzar, se me acercó una mujer de unos treinta y ocho, quizá cuarenta años, y me preguntó si podía hablar conmigo. Yo le dije que por supuesto, y la invité a sentarse a mi mesa.
La mujer se llamaba Eulalia y también estaba de vacaciones en aquél pueblo. Según me dijo, había escuchado que yo andaba buscando trabajo y ella tenía algo para ofrecerme si yo me sentía cualificado. Inmediatamente le pregunté de qué se trataba y ella me explicó que era licenciada en educación especial y que tenía un gabinete donde impartía clases de apoyo a niños sordos en otra localidad de esa misma provincia. Que su problema era que se había quedado sin recepcionista antes del verano y que necesitaba a una persona para ocupar ese puesto con bastante urgencia, pues el gabinete lo abría la primera semana de septiembre.
Por supuesto, me interesé en los requisitos debía cumplir la persona que estaba buscando, y cuando me dijo que simplemente tendría que saber manejar el ordenador y cuatro nociones de oficina más y que con eso sería suficiente, le dije que sin duda alguna contara conmigo.
Eulalia sonrió y me respondió que me agradecía muchísimo que la sacara de ese aprieto y que, además, se sentía felicísima porque sabía que yo iba a cumplir con mi papel de manera muy eficiente.
-Suelo contratar a personas con alguna discapacidad física para cubrir ese puesto -me confesó-, porque dada su condición suelen ser mucho más sensibles con los pequeños alumnos. Y además, me gusta que los niños con dificultades auditivas sepan que existen otras discapacidades y las conozcan de primera mano. Por descontado, no siempre que queda el puesto vacante puedo ocuparlo con alguien tan idóneo, pero siempre lo intento.
Intercambiamos datos, nos estrechamos la mano y nos despedimos. Al cabo de tres semanas me encontraba tras el mostrador del gabinete pedagógico de Eulalia Gutiérrez, a casi 500 km. de mi anterior matrimonio, de mi anterior casa y de mi anterior vida.
Continúa...
------------------------------
miércoles, septiembre 15, 2010
LA HUIDA (Parte 16)
Publicado por
Devofic
en
6:06 PM
Etiquetas: simulación
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


1 comentarios:
Muy bueno..! Date una apuradita en escribir lo que sigue... Estare pendiente...
Publicar un comentario en la entrada