Nada más llegar a la pequeña ciudad donde ahora residía, vendí la furgoneta y me compré un turismo que hice adaptar para poder usarlo sólo con los brazos. Esa era una de las cosas que tenía claro debía hacer cuanto antes. Eso, y cambiarme la silla de ruedas por otra más funcional y ligera. Por otro lado, al decidir que mi paraplejia era debida a una lesión cerebral, mi parálisis debía ser espástica, lo cual me permitiría mantenerme en pie en algunas situaciones y tal vez hacer trayectos cortos por lugares lisos con el caminador de Lidia, que aún conservaba. El inconveniente de esto es que cada vez que intentase mover o cambiar de posición mis extremidades, tendría que fingir rigidez en ellas. Eso no era fácil pero estaba dispuesto a hacer bien mi papel.
Lo que también conservaba de Lidia eran sus bitutores, que por supuesto no eran adecuados para mí, pero que guardé como oro en paño por si algún día se me ocurría la forma de modificarlos y darles buen uso. Por lo tanto, antes de vender la furgoneta, todos los enseres de ortopedia los trasladé a la habitación que alquilé a cien metros del gabinete, y allí comencé mi nueva aventura en espera de encontrar una vivienda adaptada y de poder instalarme más cómodamente.
En cuanto empecé con mi trabajo, todo fue a las mil maravillas. Me quedé pasmado al ver a Eulalia manejarse con los niños en lenguaje de signos. Era toda dulzura y dedicación. La mayoría de los alumnos ya la conocían de años anteriores y estaban encantados de volver a verla. Me los fue presentando uno a uno y cuando le preguntaban con sus manitas o con su media lengua qué me ocurría, por qué iba en silla de ruedas, ella les explicaba que no podía caminar.
Apenas un par se semanas después de haber comenzado en el gabinete, Eulalia me preguntó si quería salir a cenar con ella. Me sorprendí bastante, pues en algún momento tuve la impresión de que era casada. No se lo había preguntado pero lo daba por hecho, lo que no fue óbice para que le dijera que sí.
En el transcurso de los dos siguientes meses no fue esa la única oportunidad en que salimos juntos, lo hicimos en varias ocasiones más hasta que surgió un apasionado idilio entre nosotros.
Continúa...
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domingo, septiembre 26, 2010
LA HUIDA (Parte 17)
Publicado por
Devofic
en
2:46 PM
Etiquetas: paraplejia, silla de ruedas, simulación
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1 comentarios:
Me encantó esta parte. La esperaba con ansias... Me encantó.! Quedo a la espera d tu proxima parte. Saludos desde Venezuela. Una chica devotee y pretender. Un abrazo.
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