Eulalia era divorciada, de eso me enteré ya en nuestra primera cita, y vivía con su madre, una anciana de casi ochenta años que se conservaba en muy buenas condiciones de salud. Como nuestra relación iba viento en popa, Eulalia me la presentó un domingo en el que salimos a almorzar juntos los tres.
La anciana quedó encantada conmigo. Al parecer Eulalia le había contado mi historia y la mujer había quedado muy conmovida, e insistió en conocerme. Después de ese almuerzo yo también quedé fascinado con ella porque siempre creí que, en general, la gente no deseaba que sus hijos iniciaran relaciones amorosas con personas discapacitadas, pero era obvio que la madre de Eulalia no pensaba así.
Por esas fechas yo ya había conseguido un apartamento adaptado en un buen barrio. En cuanto me mudé comenzamos a vernos más en privado y, debido a la intimidad que pudimos disfrutar desde entonces, nuestra relación de pareja empezó a consolidarse.
Yo realmente admiraba a Eulalia por su trabajo. Por lo sensible que era y lo dedicada que estaba a sus alumnos, pero aparte de eso me volvía loco verla hablar en lenguaje de signos. Nunca antes me había sucedido que encontrara tan atractiva a una mujer que se comunicara de esta forma, y un día le pregunté si estaría dispuesta a enseñarme. Le conté que quería aprender para poder comunicarme yo también con los chicos, y de paso -no pude reprimirme- le dije que otra de las razones para que me diera lecciones era que la veía maravillosa cuando hablaba así.
Eulalia sonrió de foma muy coqueta y accedió a mi petición, parecía encantada con mi nuevo interés y en especial con mi cumplido.
A partir de ese día, cada vez que mi novia charlaba conmigo en privado, lo hacía como si yo fuera uno de sus alumnos. Pronunciaba las frases y las acompañaba de los gestos de sus manos, con la intención de que yo fuese aprendiendo, pero también con la idea de complacer mis gustos y a veces, incluso, de seducirme.
De esta manera fluida y en constante crecimiento personal para ambos, continuamos nuestro romance. Eulalia adoraba salir conmigo a cualquier parte y a mí me ocurría lo mismo con ella, pues aparte de poseer una gran belleza física, era una persona muy culta y de una conversación excelente.
Continúa...
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domingo, octubre 17, 2010
LA HUIDA (Parte 18)
Publicado por
Devofic
en
12:50 PM
Etiquetas: admiración
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2 comentarios:
Muy buena. Pero me gusta mas cuando se concentra en la discapacidad del protagonista. Esperare con ansias la parte 19. Saludos desde Venezuela.
TU BLOG HUELE A MIERDA ERES UN PUTO ME ENCANTARIA VERTE CIEGO, SORDO, MUDO Y MUTILADO Y AGARRARTE A PATADAS A VER SI TE GUSTA HIJO DE TU REPUTA MADRE
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