miércoles, noviembre 09, 2011

LA HUIDA (Parte 25)

A la vuelta, nos reincorporamos al trabajo casi de inmediato aunque aún faltaban varias semanas para que comenzara el curso. Decidimos dejar el tema de la boda aparcado por unos meses, ya que para poder contraer matrimonio yo debía divorciarme primero de Lidia, y eso era algo que por el momento no me apetecía hacer. No porque no quisiera verme libre de mi antigua relación ni porque no deseara unirme a Eulalia, sino porque era un trámite que me resultaba muy duro de afrontar. Así se lo expliqué a mi prometida y ella lo comprendió perfectamente, aunque en realidad no supiera las razones más íntimas por las que a mí me costaba dar ese paso.

Era tanta nuestra dicha que antes de que nos pudiésemos dar cuenta llegó septiembre y las clases dieron comienzo. En contra de lo que imaginé previamente, a casi ninguno de los chicos le llamó la atención que yo estuviera usando audífonos, lo tomaron como algo natural. Sólo una alumna de las más mayores me preguntó acerca de ellos y yo me limité a decirle lo que habíamos acordado con Eulalia. Su respuesta fue una simpática sonrisa y un gesto mostrándome los suyos propios, ocultos tras una bonita cabellera rubia.

Sin embargo, la felicidad de la que estábamos disfrutando habría de durarnos poco. Varios días después de que se iniciase el curso, recibimos una llamada en la escuela. La atendió Eulalia y me la pasó, pues preguntaban por mí. Cuando tomé el auricular y supe quién había al otro lado del aparato, me quedé de piedra. Por supuesto, debido a mi "problema" de hipoacusia la conversación no fue demasiado extensa, pero no pude rechazar la cita que me propuso mi interlocutor para entrevistarnos cara a cara.

Se trataba del padre de Lidia. Había dado con mi paradero y se encontraba en una cafetería a pocos metros de nuestro centro. Me dijo que no pensaba marcharse sin hablar conmigo. Yo estaba impresionado, casi paralizado, sentía algo parecido al miedo pero no pude negarme a verlo. Debía arreglar mis asuntos antes de que el tema trascendiera a Eulalia. O por lo menos debía tratar de ganar tiempo.

Por supuesto, muchas veces había pensado en la posibilidad de que mi familia o la de mi mujer terminaran encontrándome si es que en algún momento se les ocurría buscarme. Ahora ya lo habían hecho y debía enfrentarme a ello sin que mis fuerzas flaquearan.

Continúa...

------------------------------