martes, diciembre 20, 2011

LA HUIDA (Parte 26)

Le dije a Eulalia que necesitaba ausentarme un rato, que la llamada era de un viejo amigo al que no había vuelto a ver desde que dejé mi antiguo hogar y que al parecer tenía algo urgente que comunicarme. De más está decir que Eulalia me animó a que me marchara sin problema, y a que si quería tomarme la tarde libre que lo hiciera. Se lo agradecí en el alma porque en realidad no sabía cuánto duraría esa repentina e inoportuna entrevista.

Cuando llegué al bar donde me esperaba mi suegro, noté cómo la adrenalina aumentaba mi ritmo cardíaco. Abrí la puerta y traté de entrar pero el escalón era demasiado alto y tuve que pedir que me echaran una mano para salvarlo. El padre de Lidia me miraba desde una de las mesas del fondo pero no se levantó, esperó a que me ayudaran otros. Su semblante era mucho más serio y avejentado de como yo lo recordaba y cuando me acerqué a él, después de agradecer la ayuda que me habían prestado para acceder al local, no quiso estrechar la mano que le tendí.

Lo primero que me dijo es que hacía ya quince días que sabía de mi paradero. Que tres meses atrás había contratado los servicios de un detective para que diera conmigo. Todo ello en acuerdo con mi madre, que era la que en esos momentos se estaba encargando de atender a Lidia y a mi suegra. Me explicó también que mi padre había fallecido semanas después de mi desaparición a causa de un ataque cardíaco, y que mi madre había estado muchos meses sumida en una profunda depresión de la cual se encontraba saliendo apenas ahora. En cuanto a Lidia, me dijo que continuaba totalmente trastornada por lo ocurrido y que todavía no se habían atrevido a comunicarle que me habían encontrado; primero porque deseaban saber las razones de mi desaparición, segundo porque necesitaban conocer cuáles eran mis propósitos para el futuro respecto a ella y, por último, debido al estado físico en el que me hallaba, ya que quedaron muy perplejos al verme postrado en una silla de ruedas y con problemas severos de audición, y antes de darle la noticia querían saber qué me había sucedido.

Seguidamente me mostró unas fotografías en las que aparecíamos Eulalia y yo paseando por el parque que quedaba junto a nuestra casa. Yo haciendo rodar mi silla y ella a mi lado, contándome algo en lenguaje de signos. Fotos que habían sido tomadas furtivamente por el detective, varios domingos atrás.

Entonces pasé a explicarme yo. Le dije que no sabía de qué me hablaba. Que no tenía la más remota idea de quién era esa tal Lidia. Que yo era una persona que había sufrido un accidente de tráfico hacía ahora algo más de un año, del que no podía recordar nada. Y que tampoco recordaba nada de mi vida anterior. Que lo único que sabía es que antes del accidente podía caminar y ahora no, por culpa de una lesión cerebral que además del uso de las piernas, me había privado de la memoria. Y que además me estaba quedando sordo, como bien podía comprobar por los problemas que estaba teniendo para entenderle, y que lo último que necesitaba una persona en mis circunstancias era que un desconocido viniera a complicarle la existencia.

Continuará...

------------------------------

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buenos todos las historias hasta ahora. Date una apuradita con la part 27. Me gustaria la orientaras mas hacia la discapacidad de el. Estoy ansiosa.! Saludos desde Venezuela.

Anónimo dijo...

DATE PRISA! ESTOY A LA ESPERA DE LA PARTE 27 DE "LA HUIDA". GRACIAS...